Pinto la luz que emana de todos los cuerpos. ¡Incluso las obras eróticas tienen su propia sacralidad! Llego tan lejos que uno se maravilla ante la grandeza de cada una de mis obras "vivas".
Estas son las palabras de Egon Schiele, escritas en una carta a Leopold Czihaczek el 1 de septiembre de 1911. Schiele, hoy en día, puede considerarse un artista icónico, reconocido mundialmente como uno de los principales exponentes del expresionismo vienés temprano. Su dibujo fue revolucionario: sintético, angular y poseía una intensidad dramática quizás nunca antes vista. Eligió temas tabú, como Rodin años antes, pero con una intención diferente. Con Schiele, el uso del espacio cambió: comenzó una nueva yuxtaposición entre figura y fondo, una descentralización del sujeto, una inversión del espacio lleno y vacío. Su trabajo de línea puede a veces parecer casi caricaturesco, con sus extremos anatómicos, y aborda temas de carnalidad que, aunque existentes antes, rara vez habían sido tan centrales en la obra artística de un pintor. Se han vertido ríos de tinta sobre su vida, analizando sus obras, su existencia y las dificultades que enfrentó. Libros y películas han mistificado al artista, a menudo centrándose en momentos específicos de su carrera, otras veces omitiéndolos deliberadamente, siempre esforzándose por crear una imagen que se ajuste a la narrativa elegida. Una cosa es leer interpretaciones y análisis de sus obras, otra es escucharlo de primera mano. Nacido en 1890 y fallecido en 1918, la vida de Schiele fue corta e intensa, y el volumen Retrato de un artista nos permite acompañarlo por un tiempo y descubrir su vida a través de sus ojos. No es una biografía, sino un volumen que incluye las cartas del artista, sus poemas y su diario de Neulengbach. En sus cartas, relata su relación con su familia, la temprana pérdida de su padre, el vínculo con su hermana, su difícil relación con la Academia, pero también las amistades que forjó con artistas y coleccionistas. En los textos que escribió en Neulengbach podemos leer sobre uno de los momentos más turbulentos de su vida: el artista fue acusado de mostrar dibujos eróticos a menores, enfrentándose a cargos de secuestro y violencia; en los textos escritos en prisión presenta su punto de vista sobre lo sucedido.
Schiele nunca pudo sentirse verdaderamente en paz: también experimentó el estallido de la guerra y el temor al servicio militar. Su vida fue atormentada hasta el final: en 1918, su esposa, embarazada de seis meses, contrajo la gripe española, y la pareja falleció con tres días de diferencia. Vemos cómo, a pesar de las dificultades, el artista siguió creyendo en sí mismo y en su arte, convencido de que sus obras algún día se exhibirían en los templos del arte y de que una sola obra de arte "viva" bastaba para asegurar su inmortalidad. Incluso en su lecho de muerte, declaró que sus pinturas debían exhibirse en todos los museos del mundo. Es fascinante poder inspirarse en los testimonios de primera mano del artista y trasladarlo de un aura mística a un contexto real, haciéndolo "humano". Los problemas económicos y la precariedad de la profesión artística, las relaciones familiares y sociales, la confrontación con las costumbres y tradiciones populares, e incluso el amor, se convierten en temas centrales, en un contexto que sigue siendo extraordinariamente relevante incluso hoy en día. Para quienes estén interesados en una lectura breve y accesible que relata la vida del pintor en sus momentos clave, también recomendamos Egon Schiele. El cuerpo en lucha . En este cómic, Otto Gabos crea ilustraciones que acompañan la narrativa biográfica con extraordinarios dibujos que adoptan el estilo del pintor austriaco.


